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¿Es la evaluación de riesgos laborales una herramienta técnica o pueden ser algo más? ¿Debemos utilizar la evaluación de riesgos laborales como un recopilatorio de riesgos y medidas? ¿Es un medio o un fin en sí misma? Puede y debe ser ambas cosas.

Los Técnicos de Prevención de Riesgos Laborales solemos enfocar la evaluación de riesgos laborales como una mera herramienta de diagnóstico. Un análisis frío sobre lo que basar una planificación posterior. Pero, ¿es posible humanizar el proceso y aprovechar el mismo para comenzar a integrar la gestión preventiva.

A continuación vamos a analizar la evaluación de riesgos laborales, (actividad crucial de nuestra gestión preventiva y punto de partida para muchas otras acciones derivadas), desde un punto de vista menos técnico, pero igualmente importante: como herramienta para mejorar la participación y compromiso de los trabajadores con la seguridad y salud.

Hay muchos tipos de evaluaciones de riesgos y metodologías distintas, pero siempre podemos llevarlas a cabo involucrando a los trabajadores afectados en cada caso. Ya sea una evaluación de las tareas de un puesto de trabajo, de las instalaciones o de la maquinaria o equipos utilizados por el trabajador.

Debemos plantear la evaluación de riesgos como un trabajo en equipo con el departamento o departamentos afectados, no como una actividad independiente del servicio de prevención propio o ajeno de la empresa.

En primer lugar, solemos y debemos contar con el apoyo y participación de los Responsables de departamento, centro de trabajo o área afectada  y la línea de mando. De ellos debemos recabar información sobre el contenido del puesto de trabajo: procesos, tareas, equipos utilizados, instalaciones, etc., así como toda la documentación operativa que nos sea útil para realizar la evaluación de riesgos: Instrucciones operativas, Documentación técnica de instalaciones, manuales de maquinaria y equipos, etc.

Igualmente, solemos y debemos contar con los representantes de los trabajadores en materia de seguridad y salud, los delegados de prevención, para que nos den su punto de vista, estén presentes en las tomas de datos si así lo consideran y hagamos la preceptiva consulta (Capítulo V de la Ley 31/1995, de PRL).

Todo esto, sin duda, constituye una aportación muy valiosa a nuestra labor de “identificadores y evaluadores del riesgos”. Pero quizá estas personas no realicen directamente las tareas a evaluar o no operen los equipos ni las instalaciones. Es decir, nos estamos perdiendo la información del ejecutor directo de la tarea o del propio usuario de la máquina/equipo/instalación.

Por ello, es muy importante que les involucremos también en el proceso de la evaluación de riesgos laborales. Esto no solo nos aportará en la parte técnica del proceso de evaluación, sino que influirá positivamente en otros aspectos como:

Pensemos en el caso contrario. Presentamos al trabajador un informe de evaluación de riesgos de su puesto de trabajo. Muy bueno a nivel técnico, riguroso y con altos estándares de seguridad, incluyendo las medidas preventivas ya determinadas y le pedimos que acate lo que en él se establece. No sería de extrañar que el trabajador lo reciba, cuanto menos, con desconfianza e incertidumbre, ya que no ha participado en el mismo y no está seguro de que se hayan tenido en cuenta todos los aspectos que a él le preocupan en el día a día del desarrollo de sus tareas. Como consecuencia, su compromiso con el informe de evaluación será menor que en el caso anterior, donde le hemos explicado previamente el método de evaluación que vamos a utilizar y hemos recogido sus sugerencias, inquietudes y opiniones.

Es decir, aunque el técnico de prevención debe liderar el proceso, sin duda una evaluación de riesgos que cuente con los distintos  puntos de vista de las personas afectadas será más completo, integrador y fiable.

Habremos logrado:

  • Disponer de una herramienta más, visible y palpable, de participación de personal fuera del departamento de prevención en temas de seguridad y salud. (Otras pueden ser las observaciones preventivas, charlas de seguridad, etc. realizadas por línea de mando y trabajadores)
  • Afianzar la cultura preventiva de nuestra empresa
  • Trasmitir a los trabajadores la importancia que sus actos y decisiones tienen en la seguridad y salud de ellos mismos y sus compañeros, lo que les hará ser más proactivos en los aspectos que afecten a la prevención de riesgos en la realización de sus tareas.

En definitiva, que nuestra organización y las personas que la constituyen sea más segura y saludable.

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Dolsina Álvarez

Directora Consultoría y Desarrollo de Negocio en AREASeys
Mi experiencia profesional se desarrolla desde hace más de 10 años en al área de prevención de riesgos laborales. Vivo y siento la profesión desde un punto de vista que sea capaz de aportar a las empresas y a las personas.

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